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Asegurador

El asegurador o aseguradora es la compañía que nos ofrece cierta protección a cambio del cobro de unas primas que debemos afrontar de forma periódica. Nuestra relación queda fijada en un contrato al que deberemos referirnos en caso de necesidad.

El asegurador o aseguradora es una compañía que nos ofrece cierto grado de protección a cambio de una cantidad de dinero previamente pactada con ella. Existen actividades, como la conducción, para las que es obligatorio ponerse en contacto con una de estas personas jurídicas y contratar sus servicios.

¿Y esto por qué? Pues porque el objeto del asegurador es hacerse cargo de los contratiempos que puedan afectarnos con el dinero que haya recaudado del resto de asegurados. Es, para que nos entendamos, el encargado de gestionar una gran bolsa de fondos comunes que dedica gran parte de sus ingresos a solucionar problemas que cualquiera de nosotros podría llegar a tener en alguna ocasión.

Es posible que pensemos que no necesitamos la figura del asegurador porque nunca nos ha pasado nada que nos haya hecho recurrir a solicitar el cobro de una prima. Eso sí, con el asegurador ocurre como con el sistema sanitario español: no sabemos lo que lo necesitamos hasta que un día lo necesitamos y está ahí. Porque está, y está para ponernos las cosas mucho más sencillas.

¿Qué podemos exigirle a un asegurador?

Por gracia o por desgracia, el asegurador solo tiene la obligación de protegernos hasta el punto que en su día estipulásemos en el contrato ambas partes. Las aseguradoras tienen infinidad de servicios además de los que contratamos, pero cada uno de ellos conlleva un mayor gasto por nuestra parte. De ahí que no nos cueste lo mismo un seguro de coche a terceros que uno a todo riesgo, pero que tampoco estemos igual de protegidos.

Por eso, lo primero que debemos hacer cuando tenemos un problema es consultar con nuestro asegurador para que nos confirme hasta qué punto estamos cubiertos ante lo que ha ocurrido.

Como ya habréis imaginado, no se puede contratar un seguro que nos proteja contra algo que ya ha ocurrido. Eso sí, si nos ha pasado algo para lo que habríamos querido tener un seguro, lo mejor es que no esperemos a que nos vuelva a ocurrir. Lo más conveniente es ponerse en contacto con un asegurador de confianza, como Caser, y cubrirse las espaldas contra todo aquello que pueda suponer un peligro contra nuestros intereses.

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