Por qué tu cerebro odia ahorrar (y cómo engañarlo para que lo haga)

16 diciembre 2025 Ahorro y futuro

Si nos preguntan en abstracto, todos estamos de acuerdo en que ahorrar es muy necesario. Ahora bien, cuando bajamos al terreno de lo concreto y el dilema es  quedarnos en casa para no gastar o salir a cenar, comprarnos algo o irnos de vacaciones… la cosa cambia. Y es que nuestro cerebro no está diseñado para el ahorro, sino para elegir el placer inmediato antes que la recompensa futura. Es lo que los científicos llaman “sesgo del presente”. Por eso recibimos un chute de dopamina en el momento en el que te das un capricho pero sentimos como un sacrificio no dártelo ‘ese gusto’ en aras de tener una reserva para cuando vengan mal dadas.

Pero no está todo perdido porque al cerebro se le puede ‘engañar’. Te explicamos cómo hacerlo.

Antes de empezar, quítale dificultad

Ahorrar es mucho más fácil cuando reduces la sensación de esfuerzo y aclaras tu punto de partida:

  • Revisa tu mes a simple vista: cuánto dinero entra y cuánto sale, sin complicarte más.
  • Detecta uno o dos ajustes rápidos: pequeños gastos que puedes recortar sin notar gran cosa la diferencia.
  • Define tu margen real: así sabes cuánto puedes apartar sin sentir que te estás privando de cosas muy importantes.

Estrategias para convencer a tu mente

Una vez que tienes claras tus cuentas, puedes poner en marcha tácticas sencillas para ir entrando en materia. Aquí tienes algunas: 

  • La primera es ponerse metas a corto plazo y con objetivos asumibles. En lugar de una gran meta difusa, como “quiero ahorrar 1000 euros”. Mejor pon objetivos menos ambiciosos y concretos: por semana o al mes. Cada pequeño logro genera sensación de progreso.
  • La tecnología puede ayudar: hoy las apps permiten automatizar las operaciones. Puedes configurar transferencias periódicas a una cuenta de ahorro apenas te paguen tu sueldo. Tu cerebro ni se entera y el dinero se guarda antes de que lo puedas gastar. Es lo que se llama el pre ahorro.
  • Dale un poco de ‘vidilla’ al proceso: esas mismas apps te muestran gráficos, logros y retos que pueden hacer que ahorrar sea casi como un juego.
  • Ojos que no ven…bolsillo que no gasta: mantén tus ahorros en cuentas que no estén ligadas a tus tarjetas. Es una pequeña trampa para que sea más difícil acceder al dinero que quieres guardar. 
  • Recuérdate porqué lo haces: tu cerebro responde mejor a recompensas tangibles y emocionalmente relevantes. Puede ser el viaje del verano o tener un fondo de emergencia, pero visualiza constantemente el objetivo.

En definitiva, convierte el ahorro en recompensas revisables en plazos asumibles. Por ejemplo, mira cómo crece tu saldo semanal o mensual, celebra metas pequeñas y reconoce tus avances. Así tu cerebro empieza a asociar el ahorro con una sensación positiva, aunque no sea inmediata.

 

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