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07 enero 2026 Ahorro y futuro
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El ahorro para la jubilación es una carrera de fondo en la que no solo importa cuánto se aporta, sino también a través de qué vehículo. Los planes de pensiones individuales son el instrumento tradicional para hacer hucha pensando en el retiro, sin embargo, en los últimos años se han potenciado otros tipos de planes de pensiones concebidos para impulsar los sistemas de previsión desde la empresa.
Todos persiguen el mismo objetivo -complementar la pensión pública-, pero su diseño, sus incentivos y su funcionamiento son muy distintos. Entender esas diferencias es clave para elegir bien el que sea más apropiado a nuestras circunstancias.
Son los más conocidos y, durante años, el principal canal de ahorro para la jubilación. Los planes de pensiones individuales los contrata directamente la persona con una entidad financiera y permiten total autonomía: el partícipe decide cuánto aporta, con qué frecuencia y en qué tipo de plan se invierte.
La aportación deducible está limitada a 1.500 euros anuales, salvo casos concretos como aportaciones al plan del cónyuge con rentas bajas o a favor de personas con discapacidad. Siguen siendo útiles para quienes quieren un complemento flexible y no tienen a su alcance un plan empresarial.
Los planes de pensiones de empleo son promovidos por las empresas para su plantilla. La compañía siempre aporta y, en algunos casos, también lo hace el trabajador. Su auge busca desplazar el ahorro fiscalmente incentivado del ámbito individual al colectivo.
Su principal atractivo es que el límite fiscal es muy superior al permitido en los planes individuales. Las aportaciones permiten llegar hasta los 10.000 euros deducibles. A esto se une que suelen tener comisiones más bajas, al estar reguladas y beneficiarse del mayor volumen de patrimonio gestionado.
Eso sí, no todos los trabajadores tienen acceso. Depende de la voluntad de la empresa y de lo pactado en convenios. Allí donde existe, suelen ser herramientas relevantes para la retención de talento y la planificación financiera del empleado.
Hasta ahora eran muy pocas las pymes, que representan la mayor parte del tejido empresarial español, que podían asumir el coste, la creación y la gestión de crear un plan propio, de ahí que surgiera un vehículo, los planes de empleo de promoción conjunta, concebido específicamente para las pequeñas y medianas empresas. En este modelo, una entidad promotora, que normalmente es una organización empresarial o un gestor especializado, agrupa a múltiples compañías bajo un mismo plan de pensiones colectivo.
Cada empresa decide sus aportaciones y condiciones, pero se beneficia de las economías de escala y de una estructura ya creada. En términos fiscales, se rigen por las mismas reglas que los planes de empleo tradicionales.
La gran novedad de los últimos años son los planes de pensiones de empleo simplificados (PPES). Están pensados principalmente para autónomos y para que las empresas puedan ahorrar para sus empleados a nivel sectorial. Su diseño reduce al mínimo la burocracia. En el caso de los planes para trabajadores autónomos el promotor puede ser una asociación, un colegio profesional, una mutualidad de previsión social… y en el caso de los planes a nivel sectorial, el propio convenio, asimismo también lo puede ser el propio Estado a través de los Fondos de Pensiones de Promoción Pública.
Su atractivo principal son sus bajas comisiones, por ser un producto colectivo por ley, y el tratamiento fiscal, ya que:
Elegir bien depende de la situación laboral de cada uno, de si existe un plan colectivo disponible y de cuánto se quiere, o se puede, aportar con ventajas fiscales.
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