Cómo saber si tu inversión está dando resultados (aunque no seas economista)

09 diciembre 2025 Ahorro y futuro

Cuando recibimos el informe periódico de un fondo o vemos en la app del banco que “hemos ganado un 4%”, es fácil pensar que estamos ganando dinero. Y puede ser, pero conviene hacer alguna cuenta más, porque la rentabilidad real depende de factores que no siempre se ven a simple vista. Lo mismo ocurre con el riesgo: no es solo “puedo perder dinero”, sino entender qué tipo de producto tienes entre manos y qué puedes esperar de él.

¿A qué debo prestar atención?

Para saber si realmente tu inversión es rentable tienes que tener en cuenta tres elementos clave: 

  • La inflación: si tu inversión gana un 4%, pero los precios han subido un 3% en el mismo periodo, tu rentabilidad real es apenas del 1%. En otras palabras, con ese dinero puedes comprar prácticamente lo mismo que antes. Por eso se habla de rentabilidad nominal (la que ves en el papel) y rentabilidad real (la que realmente te hace ganar poder adquisitivo). 
  • Las comisiones: tanto los fondos de inversión como los planes de pensiones aplican distintos tipos de gastos: de gestión, de depósito e incluso algunas ligadas a resultados. Aunque parezcan pequeñas, una comisión del 1% o del 1,5% al año puede comerse una parte importante de tus ganancias a largo plazo.
  • La fiscalidad: además de estos dos elementos, conviene considerar un tercer factor que suele pasarse por alto, y es que, en función del producto, puede que cuando recuperas el dinero o cambies de inversión, tengas que tributar por las ganancias generadas. Si haces movimientos frecuentes, o si no aprovechas productos con ventajas fiscales, podrías estar perdiendo una parte significativa de tu rentabilidad sin darte cuenta. 

Si, después de tener en cuenta inflación, comisiones e impuestos, sigues obteniendo una rentabilidad positiva y estable en el tiempo, entonces sí, tu inversión está yendo bien. 

No hay rentabilidad sin riesgo, por pequeño que sea

El riesgo es la posibilidad de perder dinero, parcial o totalmente, y cada tipo de producto financiero tiene una inseguridad distinta. Conocerlo te ayuda a elegir mejor, de acuerdo con tus posibilidades o tus preferencias, es decir, tu perfil de inversor, y así evitar sobresaltos.

  • Renta variable (más riesgo teórico). Incluye acciones y fondos que invierten en Bolsa. Son más volátiles: pueden dar rentabilidades muy altas, pero también pueden caer con fuerza. A largo plazo suelen ser más rentables pero requieren, en principio, un horizonte temporal amplio y tener respaldo económico para aguantar descensos sin entrar en pánico y vender precipitadamente.
  • Renta fija y productos garantizados (menos riesgo). Bonos del Estado, depósitos o fondos ultraconservadores intentan proteger el capital y dar una rentabilidad más estable. El riesgo es menor, pero también el beneficio potencial. Aun así, incluso algunos productos de renta fija pueden perder valor cuando los tipos de interés cambian. Si el tipo de interés sube, el valor de ese activo, baja.
  • Activos alternativos. Además de renta variable y fija, existen otro tipo de activos, como compañías no cotizadas, inmuebles, materias primas o criptoactivos. Este tipo de inversiones son complejas y, en algunos casos, muy volátiles. Por eso, hay que tener cuidado ya que requieren comprender bien el producto antes de invertir.

En definitiva, no hace falta ser economista para invertir y hacer un seguimiento de lo que estamos ganando, pero sí conviene mirar más allá del primer número que aparece en pantalla. Con estas claves, podrás analizar tus inversiones con más claridad y tomar decisiones más informadas y acordes a tus objetivos financieros.

 

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