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Interés técnico garantizado

El interés técnico garantizado es la tasa de rentabilidad fija que se aplica a las aportaciones realizadas a un seguro de vida. Hay que tener en cuenta que este interés no se calculará sobre el total de la prima del seguro, sino sobre la cantidad obtenida de restar a dicha prima diversos gastos administrativos y fiscales.
Como sabes, una de las principales ventajas que ofrece la contratación de un seguro de vida reside en que, además de tratarse de un instrumento de ahorro a largo plazo, también se considera un valioso producto de inversión, ya que permite la obtención de una rentabilidad sobre el capital que se aporta periódicamente.

Pero antes, es conveniente aclarar que cuando se habla de interés técnico garantizado se está especificando que este tipo de interés tiene un carácter fijo, ya que en caso de que si la rentabilidad asociada a la póliza es variable estaremos hablando de un interés técnico variable.

¿Cómo se aplica el interés técnico garantizado?

A la hora de calcular la rentabilidad aplicable a un seguro de vida con un interés técnico garantizado es necesario aclarar que este interés no se aplicará sobre el total de la prima del seguro.

Hay que tener en cuenta que a las aportaciones que realices habrá que aplicarle una serie de gastos administrativos, así como la prima asociada al nivel de riesgo de fallecimiento o invalidez de la persona asegurada, diversos recargos legales e impuestos.

Por tanto, el cálculo de la rentabilidad asociada al interés técnico garantizado de un seguro de vida se realizará una vez aplicados estos conceptos.

En consecuencia, si deseas contratar un seguro de vida, desde Caser Seguros te recomendamos que, además de conocer el interés técnico garantizado o variable que se aplicará a tu inversión, también te informes sobre los distintos gastos y recargos que contempla, para poder hacerte una idea de la rentabilidad real que obtendrás de tus aportaciones.

Este nivel de transparencia en la información es fundamental, ya que puede darse el caso de que, aunque un seguro de vida cuente con un interés técnico más elevado, ofrezca una menor rentabilidad neta, al estar sujeto a un mayor número de gastos administrativos y de comercialización.

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