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Caducidad de la póliza

La caducidad de una póliza de seguro implica la finalización de la vigencia y validez de las coberturas y garantías que se recogen en el acuerdo contractual entre la compañía aseguradora y el tomador del seguro.
La caducidad de una póliza de seguro se produce en el momento en el que el contrato de seguro acordado entre ambas partes deja de tener validez, ya sea por la finalización del periodo de vigencia establecido previamente o por la existencia de cualquier otra circunstancia reflejada expresamente en las cláusulas y condiciones de dicho documento.

En consecuencia, una vez que se produce la caducidad de una póliza de seguro, la protección y garantías asociadas a esta dejarán de surtir efecto.

Por este motivo, es muy conveniente que el tomador del seguro tenga presente la ocurrencia de este suceso, con el fin de evitar que se produzca, de forma involuntaria, la desprotección de la persona o bien que decidió asegurar en su momento.

¿Cómo se mantiene la protección de un seguro ante la proximidad de la caducidad de su póliza?

Como se ha comentado anteriormente, para evitar que se produzca una situación de desprotección de la persona o bien asegurado a causa del desconocimiento del tomador del seguro sobre la fecha establecida en la póliza correspondiente, las compañías de seguros contemplan la renovación automática de dicho acuerdo, siempre que el titular del contrato no especifique expresamente su intención de no acogerse a esta prórroga.

Así, una vez finalizado el plazo de validez de la protección recogida en la póliza de seguro, este se prolongará por un plazo similar, y manteniendo en general las mismas coberturas y condiciones, salvo en aquellos casos en los que de la relación contractual entre ambas partes durante el periodo finalizado se derive la posibilidad de aplicar algún tipo de bonificación, penalización, limitación o exclusión.

En el caso de que esto ocurra, y suponga una modificación sustancial de las cláusulas y condiciones expuestas en el contrato entre ambas partes, la compañía aseguradora deberá notificar previamente al tomador del seguro la existencia de dichos cambios, con el fin de que el titular de la póliza pueda expresar su conformidad o negativa al respecto.

Del mismo modo, el tomador de un seguro tendrá la potestad de rechazar, de forma unilateral y voluntaria, la renovación automática de su póliza. Para ello, deberá notificar a la compañía aseguradora su decisión con al menos un mes de antelación a la fecha de caducidad de la póliza, evitando así que se ponga en marcha este trámite.